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Una critica a la educacion

27 Noviembre 2015 , Escrito por Coronel Sarcasmo Etiquetado en #Critica Y Reflexion

UNA CRÍTICA A LA EDUCACION

Es evidente (para algunos no) para la mayoría de las personas inteligentes que el sistema educativo colombiano (no es el único) está en seria crisis. Hace un tiempo publique un artículo sobre “un sistema de salud en cuidados intensivos”, por lo cual el sistema educativo de Colombia NO esta ni por asomo en mejores condiciones. Siempre ha sido mi deber hacer análisis académicos de aspectos de nuestro entorno sociocultural, y la educación siendo nada más y nada menos que uno de los dos pilares fundamentales de todo estado democrático, además de mi función de educador, es una base fundamental más que digna de ser analizada, cuestionada y proponer alternativas para hacerla cada vez mejor. En ese gusto nato por las ciencias humanas he dado una mirada a la historia de la educación y como se ha venido impartiendo a lo largo del tiempo, almenas en los últimos cien años. Pasamos de un sistema educativo entregado por el estado a manos de religiosos e impartido por quienes lo administraron durante muchísimo tiempo, hicieron de él lo que en su entonces creyeron correcto y necesario, impartir la educación a imagen y semejanza de la santa iglesia católica, apostólica y romana.

No puedo siquiera pensar como debió haber sido aquel arcaico y absolutamente inapropiado sistema educativo de años como 1890 o 1930, donde curas y eclesiásticos impartían todo lo que se debía enseñar a nuestros niños, y ellos mismos editaban y escogían los contenidos de lo que ellos en su coyuntura, creyeron era lo importante. Décadas más tarde el estado mismo tomo riendas de la educación y a su manera ha ido poco a poco forjando las políticas educativas, contenidos, pedagogías y demás elementos que se han impartido desde aquellos pintorescos años 70’s. Pero es increíble que estando en pleno año 2015 y aquellas caducas, viejas, inapropiadas, intransigentes, católicas y brutas políticas educativas siguan tan vigentes en las aulas que muchos docentes simple y llanamente han sido absolutamente incapaces de prescindir de ellas, apegados a un viejo régimen educativo que ya N.A.

En un lugar de videojuegos (para nosotros los frikis), templo de aquellos que adoramos el mundo de la ciencia ficción, los juegos de video y el internet, encontré hace unos pocos días 3 muchachos de un grado decimo de secundaria, jugando en un espacio del día que es el mismo de su jornada escolar. Por simple curiosidad les preguntaba por qué preferían estar jugando videojuegos escapando de su jornada que estando en sus estudios, pero su argumento y su respuesta me dejo desarmado en lo que respecta a pretender cuestionarles su accionar. Me comentaban que era muy tedioso una forma de enseñar a través de viejos métodos a los que los muchachos de hoy en día ya no acatan, el observador del estudiante, medidas represivas y policivas, docentes terriblemente arcaicos e intransigentes, además de impositivos y autoritarios, 14 asignaturas que para mí son una sobrecarga innecesaria de contenido y el mismo uso del uniforme. Formaciones e izadas de bandera, educación preescolar y primaria a imagen y semejanza del mito de la creación y pasajes bíblicos por docentes que, quizá, por la materia en que se especializaron más de números que de conceptos, la imparten a su juicio sin reparo alguno en si está bien o no. Podría seguir citando las brutales fallas de nuestro sistema educativo, pero para cualquier entendedor, docente o incluso alguien que haya pasado por el sistema escolar y de bachillerato, sabe que no miento.

Finalmente el argumento fulminante de los estudiantes que terminaban de jugar su videojuego, era que preferían estar jugando que escuchando cátedras “mamertas” sobre religión, 12 y 15 materias con almenos 8 o 9 profesores totalmente desactualizados e incompetentes y con constantes llamados de atención a la vieja usanza, con observador y coordinador, pues simplemente eran motivos reales para desistir y desertar de ese sistema educativo y migrar a otras alternativas como la educación semestralizada o “validación”, como se le conoce en Colombia.

No hace falta mencionar que incluso yo he pecado en impartir algunos de esos métodos arcaicos, obligado sin duda por como está constituido el sistema educativo y las reglas y normas que directores de instituciones educativas forzan al docente a “alinearse a lo establecido”, como ellos mismos lo citan.  Es muy frustrante llegar con todo el entusiasmo a cambiar las mentes de tus estudiantes cuando la norma y el sistema te anteponen una enorme muralla prohibitiva y burocrática, de lo que ellos  aun todavía consideran que se debe y no se debe enseñar. En mi opinión, y esto lo he dicho ya varias veces, elementos como los símbolos patrios, formaciones, códigos morales católicos y otro menú de cosas inútiles son ya para la coyuntura simplemente inapropiados. Nuestros niños y jóvenes demandan enfocar en valores sociales y humanísticos, en más preparación para la vida y en menos contenidos curriculares, en menos simbología de proyectos patrios fallidos y más en humanidad, en sexualidad, en conciencia ambiental y en orientación profesional, que es justamente lo que yo hago.

Quizá pasen muchos años hasta que, o un relevo generacional o un profundo y abismal cambio en el sistema y la norma abran la puerta a nuevas formas de enseñar, sin formaciones al estilo militar con uniforme (aaatencion…. Formaaaciooon… firrrmes..), y más propuestas como la enseñanza secundaria estilo universitario con pensum a gusto del estudiante que le permitan escoger unas asignaturas obligatorias y otras en las que desee enfocar para su vida profesional, todo un currículo de no más de 8 asignaturas, en una enseñanza más humana y menos coercitiva, en más humanismo y menos religión, en más criterio y menos mediocridad de parte de docentes frustrados y airados que se desquitan con sus educandos, en menos normas y decretos y resoluciones y más acciones ejecutables (.exe educación) en la vida real. La gran misión que nos corresponde a los docentes jóvenes es reparar las fallas desastrosas de nuestros predecesores y, almenos intentar, crear una nueva alternativa educativa para, como lo dice el cliché, “el futuro del país” que son los jóvenes. 

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